Cuando estuve solo y encerrado en mi dolor,
aguantando mi cabeza y destrozando el corazón,
no quería escuchar a nadie, yo quería la soledad,
la música fue cura para esa enfermedad.
Recuerdo la amargura de una marcha y de la muerte,
aquello que se pierde al morir un para siempre,
llorando en el silencio que acompaña,
estar escribiendo, desangrando mis entrañas.
Te daré un consejo, no exageres lo que sientes,
que la vida afuera es bella y tú ya te la pierdes,
heridas de verdad nunca sanan, ya lo sé,
carpe diem, tu futuro y que no duela ese ayer.
La vida me ha tumbado y yo luego he levantado,
gritos en silencio y al dolor he golpeado,
he sufrido más que tú y menos que cualquiera,
amigo, no estes solo, busca alguien que te quiera.
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